El evento reunió a productores de festivales y referentes del circuito musical argentino para debatir cómo construir propuestas con identidad propia, sostenerlas económicamente y fortalecer los mercados regionales.
“Vincularse es una necesidad y por eso hacemos WORKSHOW”. La frase de Damasia Sananes, directora ejecutiva de MES360 y productora general del encuentro, sintetizó el espíritu de la 15ta edición de WORKSHOW, que reunió del 31 de agosto al 2 de septiembre a profesionales, artistas, empresas, instituciones y estudiantes vinculados a las industrias de la música, el entretenimiento y la multimedia.
Con 55 proyectos presentes y una agenda que combinó tecnología, arte, negocios, experiencias y formación, el encuentro volvió a funcionar como espacio de intercambio para pensar el presente y el futuro del sector.
Entre las conversaciones destacadas estuvo “Festivales nacionales: equilibrio entre identidad y sustentabilidad”, que reunió a Joaco Speroni (Festival Buena Vibra), Eve Vega (Festival Mutante), Kun Chiodi (Music Wins Festival) y Matías Loizaga (PopArt Music / Quilmes Rock), con moderación de Poroto Catalina. El panel puso sobre la mesa una pregunta que atraviesa a buena parte de la industria: ¿qué hay detrás de los festivales “made in Argentina”, aquellos que no son franquicias de grandes compañías internacionales sino proyectos nacidos y desarrollados por producciones locales?
La respuesta apareció en varios niveles. Para los productores, construir un festival implica mucho más que armar un line-up: supone desarrollar una identidad, una comunidad y una experiencia reconocible, al mismo tiempo que se resuelven costos, infraestructura, escala y viabilidad económica. Speroni explicó que Buena Vibra construyó una impronta propia y que “no es un festival de género, sino de idioma”, mientras que uno de sus objetivos es que el público compre la entrada incluso sin saber quiénes van a tocar. También destacó la elección de Buena Vibra por parte de Illya Kuryaki & the Valderramas para concretar su regreso después de nueve años.
Desde otra escala, Loizaga señaló el desafío que implica construir una narrativa diferencial para el Quilmes Rock, especialmente cuando se trabaja con artistas locales que se presentan habitualmente en Buenos Aires. Las ventanas de exclusividad y las propuestas escénicas particulares aparecen así como herramientas para que cada edición pueda contar una historia propia.
La dimensión física también marca diferencias. Mientras el Quilmes Rock necesita predios capaces de recibir más de 50.000 personas y varios escenarios, formatos como Music Wins y Mutante sostienen deliberadamente una escala más acotada. Chiodi definió a Music Wins como un festival boutique, orientado a la comodidad y al disfrute de la experiencia, mientras que Vega explicó que Mutante trabaja con una capacidad aproximada de 3.000 personas y combina música y artes visuales. En ambos casos, la escala no aparece como una limitación sino como parte de la identidad de la propuesta.
La sustentabilidad económica fue otro de los puntos centrales. El patrocinio de marcas resulta clave para amortizar costos, sostener precios de entradas y permitir que una parte de los recursos vuelva a la propuesta artística. En ese sentido, Loizaga recordó cómo la llegada de Gorillaz al Quilmes Rock posibilitó el cruce con Trueno, que luego derivó en colaboraciones de estudio, giras internacionales y una mayor proyección para el artista argentino.
Pero la discusión sobre los festivales también llevó la mirada fuera de Buenos Aires. En “Mercados Regionales: el NOA y Córdoba como circuitos para la música nacional”, Julio “Turko” Rasuk, fundador de Rasuk Producciones, y Melisa Franco, cofundadora y productora del Festival GRL PWR de Córdoba, compartieron experiencias sobre la construcción de escenas y mercados en territorios donde históricamente existieron vacíos de infraestructura y gestión. El panel abordó la descentralización de la industria, la profesionalización de los circuitos federales y la necesidad de desarrollar plazas sustentables en el interior del país.
Rasuk recordó los comienzos de su trabajo en Tucumán, cuando existía una brecha entre los shows de bandas locales para públicos reducidos y los grandes espectáculos que llegaban con estructuras externas. En ese escenario, explicó, faltaban productores locales intermedios capaces de acompañar el crecimiento de los proyectos. Su propia trayectoria terminó demostrando el valor de construir vínculos a largo plazo: el primer show que produjo con un artista por fuera del circuito chico fue Las Manos de Filippi y, 15 años después, fue convocado por quien había sido manager de la banda para coproducir la presentación de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en Tucumán.
Franco, por su parte, repasó el origen de GRL PWR, nacido en Córdoba en 2018 a partir de una necesidad artística y política y con el antecedente del festival feminista Belladona, de los años 90. “No estábamos gestionando sólo un público, estábamos desarrollando una comunidad”, señaló. Esa construcción también implicó defender a Córdoba como epicentro del proyecto frente a la lógica centralista: ante quienes proponían llevar el festival a Buenos Aires, la respuesta fue clara: “No, tienen que venir ustedes”.
Los costos de movilidad, especialmente de los pasajes aéreos, aparecieron como uno de los principales obstáculos para la circulación de artistas por el país. Frente a eso, los productores plantearon la necesidad de dejar de pensar en fechas aisladas y comenzar a construir corredores y circuitos regionales, articulados con productores y gestores locales capaces de conocer las audiencias y garantizar la viabilidad de las giras. También remarcaron la importancia de profesionalizar los primeros contactos, brindar información precisa sobre integrantes, logística y requerimientos técnicos, analizar las métricas de plataformas como Spotify y participar de mercados y rondas de negocios.
En paralelo, WORKSHOW volvió a poner el foco en los proyectos que todavía están construyendo su lugar en la escena. La edición 2026 recuperó los showcases promocionales para artistas emergentes y sumó presentaciones de proyectos en desarrollo a través de MES360, ampliando las instancias de encuentro entre nuevos talentos y profesionales de la industria.
Así, las distintas conversaciones de WORKSHOW terminaron conectándose en una misma preocupación: cómo hacer crecer una industria sin perder identidad, cómo generar circuitos por fuera de Buenos Aires y cómo garantizar que los proyectos emergentes tengan espacios para desarrollarse. En un escenario donde ser innovador y original resulta cada vez más complejo, la respuesta parece estar menos en crecer por crecer que en construir comunidades, vínculos y modelos sustentables capaces de sostener una escena musical verdaderamente nacional.










