Boom Boom Kid en Club Tri: una noche de historias entre canción y canción

Días antes, los flyers ya tapizan los alrededores de la Plaza Mitre, ese punto de encuentro donde muchos marplatenses pasaron la adolescencia, y asoman también en otros rincones de la ciudad. El dibujo lo hizo el propio Carlos, con trazo de fanzine: domingo pre-feriado, guitarra sola, Club Tri. La convocatoria llega por las paredes, a la altura de quienes crecieron escuchándolo.

Se apagan las luces de Club Tri y la sala, que bailaba hace unos minutos, contiene el aliento. Un fantasma con una calabaza de Halloween se enciende delante de la gigantografía y, bajo ese resplandor, sube Carlos con su aire de siempre: rastas, camisa a rayas rojas, verdes y blancas, sombrero de rafia playero, jeans oscuros y zapatillas blancas cuyas tiras repiten los colores de la camisa. Son las 21:30, la hora anunciada, y los aplausos lo reciben con expectativa.

Media hora antes, a las 21, la sala ya está llena. Sobre el escenario veo una alfombra, un micrófono y, a cada lado, una guitarra; junto a la acústica, un xilófono celeste, y de una de sus clavijas cuelga un pequeño esqueleto.

Fotos: Tamara Fernanda (@tama.fernanda)

De fondo, una gigantografía con el nombre Boom Boom Kid estampado lleva una frase en aerosol rojo, intervenida por Carlos: “De que sirve [sic] la vida si se la debe transitar con el deseo de expresarse y gritar”. A cada lado cuelgan banderas. En el recital anterior al que asistí había una silla; esta vez no hay ninguna, y el centro del escenario queda libre.

Veo grupos de amigos, muchos de ellos con más de 30, y también familias que se cruzan en la entrada frente al stand que vende remeras y tote bags. Entre quienes compran abundan las remeras de bandas del género o de la propia banda.

Mientras la sala se llena, el DJ pasa su playlist, que incluye un audio que armó Il Carlo y canciones de Facundo Cabral. A las 21:20 la gente empieza a bailar entre aplausos y silbidos, y alguien grita “¡Dale, Carlito!”. Lo llaman Nekro, Il Carlo o Carlito: tres nombres para una misma persona. Esa previa, que él mismo concibió, ya forma parte de su performance.

Carlos lideró Fun People y empezó su camino solista en 2000, casi a la par del último disco de esa banda, Angustia, no, no, bajo el nombre de Boom Boom Kid. Ese proyecto transita el rock alternativo, el hardcore y el punk psicodélico, y como Il Carlo editó además dos EP de boleros y canciones de amor. A fines de 2020, en plena pandemia, publicó su primer disco acústico. El formato de “Boom Boom Kid y su guitarra”, originado en 2011, es el que lo trae esta noche a Club Tri.

Esa guitarra sola no queda encerrada en una etiqueta. Su propuesta mezcla hardcore punk, rockabilly, psychobilly, folk, pop, boleros y hasta toques de salsa, y en un mismo show conviven la balada, el hardcore, el pop y el punk. Las canciones pertenecen a distintos momentos de su carrera y no obedecen a un único género, pero con solo guitarra y voz convergen en una armonía que ordena el setlist. Boom Boom Kid no quedó atrapado en la nostalgia de su audiencia. Entre sus versiones figuran adaptaciones de The Smiths, como “15 minutos con vos” y “Shoplifters of the world, unite”.

Arranca con un clásico, “Smiles from Chapanoland”, y enseguida agradece al público y al DJ. Aclara que los temas folclóricos de la previa son de Facundo Cabral. Dice que en sus presentaciones le gusta homenajear a quienes colaboraron para construir un mundo mejor, y dedica una canción a Gerardo Decadencia, fallecido, persona valorada en Mar del Plata y dentro de su escena musical. Entre estrofa y estribillo silba.

Entre canción y canción se acerca a cambiar su partitura y, a medida que avanza, el recital deja de ser una sucesión de temas para convertirse en una sucesión de historias, con ese equilibrio entre historia y juego que Carlos sostiene en cada una de sus presentaciones solistas. Dedica canciones a Pete Seeger, a quien define como una figura central del folclore musical, y anuncia que la próxima es de Seeger, pero que tocará la versión de María Elena Walsh, la que decide apropiarse: “Venceremos”. Cuando termina, la sala canta el estribillo a coro: “Pero no, tú eres lo que yo elegí”.

Otra historia lo lleva a 1991, cuando vivía por Morón, en el oeste del Gran Buenos Aires. Cuenta que una amiga le dio un hogar y trabajo en un momento de vulnerabilidad, y que en esa casa sonaba Víctor Jara, algo que dio pie a la grabación del máster de Anesthesia. Agradece a Club Tri por la predisposición y el espacio, y pide cambiar la iluminación para ver al público.

Toca una canción sobre las ventanas de la ciudad y lo duro que es ser un niño en la gran ciudad, y la sala aplaude. Sigue con “Cosita” y “Mi-mi, la-la”, habla de los discos que editaron con Boom Boom Kid por estación y de la obra que tienen en producción, y bromea con el flyer, que lo presentó como “el gaucho y su guitarra” sin anunciar lo que de verdad iba a hacer: contar historias entre canción y canción. Más adelante toca “¿Qué clase de joda es esta?”.

En la segunda parte, el recital se vuelve más íntimo. Toma la armónica, la sala canta a los gritos y se arma el primer pogo de la noche. Pide una copa de vino, la alza y brinda por las personas que ya no están.

Hacia las 22:40, ante un problema técnico, se acerca al borde del escenario con su guitarra criolla y empieza una sesión acústica con instrumentos sin amplificación: la armónica, el xilófono y un tubo plástico de ferretería. Baja del escenario y recorre el público con la guitarra, con la misma cercanía que recuerdo del show anterior. Dice que está contento de estar acá y de haber hecho la performance anterior.

Entre las referencias a Jara y Cabral, a Seeger y a Walsh, el recital funciona como un paso por sus canciones clásicas y por versiones de cantautores clásicos del folclore, entendido más como tradición que como género. Cierra con “B.B. Purrs …en Manos del Destino y a Veces un Poco Sucio”, tema de su álbum Smiles from Chapanoland. Cuando termina, empieza a sonar “Como la cigarra”, en la voz de Mercedes Sosa; las luces bajan y el público se retira a paso lento. Afuera, en alguna pared de la Plaza Mitre, el afiche sigue pegado.

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