Pérez: un trip platense arribó a la costa

Un chico con sobretodo marrón y lentes toma vino en copa y grita una letra que no es suya como si lo fuera. Todavía no empezó lo fuerte. Alrededor, la gente se va juntando de a poco, y alguien arranca a bailar antes que nadie.

Es sábado en Chauvin y afuera el cielo está cerrado. Adentro, Pérez toca en formato trío. El cantante lleva una guitarra roja con la correa cruzada y unos rulos que lo harían pasar por extra de una película británica. Pide que se acerquen y la gente se acerca. Entre tema y tema canta una frase suelta, casi para sí: “¿Te acordás esa vez que destrocé un cigarrillo?”

El sonido es alternativo, tranquilo, de una calidez que no pide nada. Hay riffs que van con pista y un aire medio ska en algún pasaje. La música abraza y no juzga: cyberpunk de living, sepia, muy británica. En las primeras filas, la gente menea la cabeza con los coros, sin sobresaltos. Un chico prueba un pogo y no le sale. Nadie está ahí para eso todavía.

Antes había teloneado Jorge Armani, con su guitarra contemplativa. Después, a mitad del set, Pérez lo invita a subir y suena uno de los temas más interesantes de la noche “Babia”. El público es de edades variadas, y tiene cerveza y vinito en la mano. Canta con los ojos cerrados. Es como la postal de llanura bonaerense, pero en colores eléctricos.

Cuando el post punk aparece de verdad, la sala cambia. La gente baila, danza, se canta entre sí. El bajo tiene recursos de sobra y el baterista acompaña sin estorbar. La guitarra y el bajo están bien seteados, con pedales y efectos que arman capas. Hay un momento casi bossa, en el que el cantante entra en trance y se va en adlibs. Canta que siempre que piensa en la arena piensa en desaparecer como las huellas. “Baja la espuma, bajan las olas” es parte de la canción “Es para vos” un tema nostalgico y elegante. Y alguien, entre el público, tiene las manos levantadas como si midiera el tiempo.

Es La Plata dentro de Chauvin: la urbe, el monoambiente, una música de inicio de película cosmopolita que encontró playa. Un tema recuerda a The Police. Otro arranca con un riff de bajo medio funk, y uno querría quedarse ahí. Hay una canción sobre querer ser astronauta para ver las cosas desde lejos, se llama “Astronauta” y otra sobre la soledad que vuelve, más rutera. «Ahora soy tan triste», canta la gente, y se deja llevar.

Hacia el final el pogo se pone en serio. Son pocos, pero se hacen sentir. Después de un fill de batería llega un riff marcado, y el público corea un estribillo sobre salir si siempre es igual. «Dulces sueños», se escucha. El cantante se vuelve loco.

A “La hora de los pájaros”, el show termina. Pero la gente no se va: grita el tema, lo corea, y Pérez vuelve a subir. Vuelve el pogo. Alguien canta, y la sala entera lo repite: nacimos para estar así.

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