En el natalicio de Charly, uno de los grandes nombres del rock nacional, Vale Acevedo y Ayelén Secches toman el escenario de Bajo Tierra para recorrer, a dos voces, las canciones de un universo al que siempre vale la pena volver.
Bajo Tierra es un lugar que te cae bien. Corres la cortina y te adentrás en un mundo de techo bajito, cuadros en las paredes, mesitas numeradas y veladores. Un clima de esos que invitan a abrazar a alguien y quedarse a escuchar la mejor selección de música.
Esta vez, las canciones son de Charly García. Secches y Vale Acevedo se encuentran para homenajearlo entre piano, guitarras y voces. Dos artistas, un repertorio que atraviesa distintas épocas y ese universo inagotable al que siempre se puede volver.
Arrancan juntas, guitarra en mano, con Esos raros peinados nuevos. Vale anticipa que, si empieza a hablar, no para. Pero enseguida le da paso a una canción bellísima: El tuerto y los ciegos. Después llega Hablando a tu corazón.


El show es parte de un ciclo que Secches sostiene desde hace tiempo, compartiendo escenario con distintas artistas para volver a pasar por las canciones de Charly desde otras voces y sensibilidades.
La lista sigue con De mí y Asesíname, con ese hartazgo de amor a cuentagotas que la canción sabe poner en palabras. En Canción para mi muerte, el coro del público se vuelve bajito, casi como si la canción fuera un secreto compartido entre quienes están ahí.
Vale vuelve a subir y arrancan con Pasajera en trance. Después llega Promesas sobre el bidet, hasta que anuncia que se viene su preferida: Ojos de video tape.
“Prepárense para bajar y subir con de todo” dice Vale antes de largarse con Viernes 3 AM.
La intensidad cambia de forma. En Cerca de la revolución, Secches baja y Vale queda al frente, sola, comandando la canción. Hacia el final, aparece El fantasma de Canterville, con ese verso que recuerda que alguna vez fue un hombre bueno. Y para cerrar, vuelven a encontrarse las dos al piano.
Las canciones pasan de una voz a otra, de la guitarra al piano, de quienes las interpretan a quienes las escuchan. Y ahí está Charly, en esas melodías que conocemos de memoria y que, sin embargo, todavía pueden decirnos algo nuevo.










