Muchas de las letras de las canciones más escuchadas hoy nos hablan de relaciones amorosas casuales y sin compromisos. Vínculos veloces y utilitarios, donde no seamos vulnerables ni haya incertidumbre resuenan en la música y en nuestras vidas.
Al abrir el ranking de canciones más escuchadas en Argentina en Spotify o en el mundo, podemos advertir que gran parte de las letras nos hablan de una forma de relacionarse amorosamente, muy diferente a la tradicional. Si salimos a la calle, vamos a un local, vemos una publicidad o entramos a nuestras redes sociales nos vamos a encontrar con el mismo mensaje en las canciones más populares. Bad Bunny, en la canción con la que abrió su show en el SuperBowl del año pasado decía: << Sorry yo no confió, ni en mí mismo confío, si quieres quedarte hoy que hace frío y mañana te vas >>. Miles de letras como estas nos rodean y resuenan diariamente en nuestras vidas, ¿se trata de un fenómeno visible únicamente en la música? ¿o es la expresión de una transformación social? ¿qué está pasando con el amor y el sexo en nuestro tiempo?
Si miramos el pasado, las experiencias amorosas de las generaciones que nos antecedieron se vieron atravesadas por los imperativos de la tradición, el matrimonio, la conformación de una familia como valor fundamental y eje organizador de la vida, y la sexualidad reservada a la reproducción, y por lo tanto, heterosexual. Las posibilidades de escapar de esas exigencias implicaban vivir en los márgenes, por fuera de lo socialmente valorado. Así, los tangos más populares como “El día que me quieras” de Gardel hablaban del amor romántico como aquel que da sentido a la vida: << El día que me quieras, Endulzará sus cuerdas, El pájaro cantor, Florecerá la vida, No existirá el dolor, La noche que me quieras>>. Otros como “Calor de Hogar”,interpretado por Julio Sosa expresaban ese ideal de hogar: <<Dame un abrazo mi noble esposa, Y al calorcito del dulce hogar, Mientras los chicos bailan y ríen, Añoraremos la mocedad>>.
Pero al escuchar las canciones más populares de los 70s y 80s, vemos una transformación sustancial en la forma en que es reflejado el amor y las relaciones. Fito Páez, en “11 y 6”, cantaba <<En un café, se vieron por casualidad, Cansados en el alma de tanto andar, Ella tenía un clavel en la mano>>. También Lerner escribía << Una vez más, buscamos a través del tiempo, El sueño de crecer y amar, cuanta verdad, Felices sin razón, tan libres de futuro y de ilusión>>. Se hace visible así, que comenzó a cobrar relevancia en las letras la libertad de elegirse en el amor, de encontrarse para quererse sin las presiones del “para siempre” o de la conformación de una familia tradicional.
Hoy, las canciones que escuchamos y que suenan en la calle hablan del amor efímero, que se termina en un instante, por la satisfacción del deseo sin ataduras ni compromisos. Desde Babasónicos, que en una de sus canciones más populares dice: <<Si fuimos carne de la intriga casquivana, Que la imprudencia del rumor hoy desató, Que, descubiertos por la luz de la mañana, Nos castigaron la desidia y el dolor>>, hasta Tini y Maria Becerra que en “Miénteme” cantan: <<Haz lo que tú quieras conmigo, Dime que esta noche yo soy tu bebé
Aunque mañana somos amigos>>; expresan una forma de vincularse que pone el foco en el deseo y la sexualidad.
Estas transformaciones que podemos observar en las maneras en que concebimos las relaciones amorosas y sexuales, y cómo lo expresamos a través de la música, no son naturales. Las ciencias sociales y la sociología en particular nos aportan algunas claves para explicar estos cambios en nuestra forma de entender el amor.
Algunos autores y autoras, como Eva Illouz, sostienen que la forma en que entendemos el amor cambió junto con la sociedad y el capitalismo. La primera parte de la modernidad estuvo atravesada por el surgimiento de relaciones sociales basadas en la libertad de elegir por parte de los individuos. En este contexto, el amor romántico, el divorcio, el matrimonio, la familia, eran formas sociales identificables y estables. Pero en nuestra modernidad contemporánea, marcada por la interconexión a través de Internet, las relaciones comenzaron a caracterizarse por su duración efímera y un limitado involucramiento del yo. De esta manera emergieron nuevas denominaciones para explicar los vínculos, y la música que escuchamos dejó de hablar de amores para toda la vida, para contarnos sobre amores de una sola noche.
Pero, ¿por qué ocurrió esta transformación? Desde la mirada de Illouz, el ideal de la libertad de elegir se constituyó como la norma, como el deber ser. En una sociedad atravesada por el mercado de consumo y la tecnología, esa búsqueda permanente de autonomía transformó la manera de relacionarnos amorosa y sexualmente. Se trata de una forma de vincularse en la que no existe una búsqueda por reconocer, hacer propia y conquistar la subjetividad de un otro, que ahora se vuelve un medio para la afirmación de la autonomía individual. Como plantea Bauman, la racionalidad líquida de nuestra contemporaneidad <<recomienda los abrigos livianos y condena las corazas de acero>>, porque las relaciones de compromisos duraderos provocan duda sobre una dependencia que se vuelva paralizante para el yo. Expresa esta lógica Bad Bunny en “No me quiero casar”, al cantar <<un dia de estos llega mi amor verdadero, pero quiero hacerme rico primero>>.
Estas nuevas formas de vincularnos no surgieron casualmente: se explican por el desarrollo del capitalismo en la contemporaneidad, marcado para Illouz por la centralidad de lo visual y las apariencias, y para Bauman por su estado de liquidez. Lo cierto es que el capitalismo, en tanto que actúa como organizador de la vida económica y social, ejerce influencia sobre las formas que adoptan las relaciones sociales. Se hace evidente que en el presente, tal como plantea Illouz, las relaciones amorosas y sexuales comenzaron a organizarse según principios y categorías económicas capitalistas. De esta manera, surgen mercados que organizan encuentros personales – como las apps de citas -, y el sexo casual se convierte en una transacción entre dos individuos por la prestación de un servicio. Además, la flexibilidad y movilidad que distinguen al capitalismo contemporáneo se trasladan a los contratos emocionales, marcados por la falta de compromiso y la incertidumbre. No resulta extraño entonces que las letras de las canciones del presente hablen de liberarse de las ataduras del compromiso, cambiar de pareja cuando el deseo se acaba y vivir el momento. Estas maneras de vincularnos no son más que la expresión de las sociedades del consumo masivo, en las que la satisfacción del deseo es en realidad el deseo de consumir.
Entonces, la sociología explica que el capitalismo se transformó y en ese proceso, no solo cambiaron o se profundizaron algunas formas económicas sino que se generó una ruptura en las instituciones y las maneras en las que se desenvuelven las relaciones sociales, particularmente las amorosas y sexuales. Así, lo incierto, lo flexible, lo mercantil, impregnó todas las esferas de nuestra vida, y con ello, las representaciones que nos hacemos de quienes somos. La música del presente expresa esa forma descomprometida y efímera de vincularse con los otros amorosamente, de pura reafirmación del yo, como se vuelve claro en las canciones más populares. Sin embargo, no todas las letras actuales reflejan esa manera de relacionarse, porque no todas las personas persiguen esa forma de amor. Lo que surge en la actualidad es el imperativo, que convierte al amor efímero y el sexo casual en lo conveniente, lo socialmente valorado: liberarse de las ataduras del compromiso agrega valor a los individuos que deben gestionarse como verdaderos empresarios de sí mismos.
Aunque algunos veamos ese pasado de relaciones estables e instituciones sólidas con nostalgia, el mundo cambió. Esto no implica resignarse ante el individualismo creciente, sino construir en este nuevo contexto – que no volverá a ser lo que era – nuevas formas de encuentro que acerquen a las personas, que den cuenta de la potencia de lo colectivo. En este aceptar lo que es y no seguir persiguiendo un retorno al pasado, como dijo Rodolfo Mederos en una entrevista: <<la música debe representar lo que ocurre, no lo que ocurrió, debe ser un testimonio totalmente fresco y útil, sino es una melancolía tóxica>>.









