Del Pacífico Norte al Atlántico Sur, la música vinculada al surf creció, se diversificó y generó exponentes dentro de la escena nacional.
Los antiguos polinesios descubrieron y se fascinaron con una posibilidad: remontar las olas del Pacífico en trozos de madera. Un poco práctica espiritual, un poco signo de pertenencia a un estrato social, el surf provocó una segunda fascinación en las expediciones europeas.
Una de ellas fue comandada por el infame capitán Cook, ese que con ironía, Luca Prodan recordaba en “Los Viejos Vinagres”. El explorador británico murió en Hawaii en 1779, tras intentar hacerse pasar por Dios antes los nativos. Allí, 100 años después, nació Duke Kahanamoku, padre del surf moderno que lo popularizó en California.
Ya en los 50´, la comunión con el mar y la práctica deportiva se cruzaron con la que ha sido, tal vez, la mayor punta de lanza de la cultura joven: el rock. Reverbs húmedos, pogos y olas confluyeron en un género que creció, se diversificó y viajó desde las aguas del Pacífico Norte a las del Atlántico Sur.
Riffs acuáticos y armonías pop
La escena parió, entre fines de los 50 y fines de los 60´, dos hijos bien diferenciados. Por un lado, bandas instrumentales que, con punteos rabiosos, plantearon una música vital, frenética y bailable.
Uno de los nombres claves es el de Dick Dale, guitarrista que aportó riffs míticos y un sonido marcado por la reverberación que se convirtió en la marca registrada del género. The Ventures, The Surfaris y The Chantays completaron un circuito de bandas que crearon los discos fundacionales del movimiento.
El segundo hijo musical del surf provino de los Beachs Boys, que construyeron una sólida hilera de hits parados en las armonías vocales y en estribillos pop que calaron hondo en el público general.
La popularidad de la música surf fue tal que influenció, ni más ni menos, al tema principal de la saga de James Bond. Acá aparecen también los vientos, otro recurso más o menos recurrente.
Siguiendo la línea de progresión del rock, la música surf fue encontrando nuevos nidos con el avance de las décadas. Sin ir más lejos, en los 70´s, fue adoptado por algunos íconos del punk como los Ramones o Dead Kennedys.
The Tormentos y Lost Marplas: exponentes del Atlántico
Argentina, esponja y fuente de todo lo posible, no quedó ajena al movimiento. En la música nacional, la cultura puede rastrearse en bandas como Massacre -muy vinculada también al skate, el hijo urbano del surf- o en Fun People y Boom Boom Kid. Los habitués de los shows de Nekro, saben que eventualmente llegará el momento en el que surfeará la ola humana.
De la crisis del 2001 nacieron muchas cosas y una de ellas fue The Tormentos, que con su disco Grab your board! (2005) se establecieron como una de las referencias claras del género en el país.
Mar del Plata, capital nacional del surf, no se quedó afuera de la fiesta. Lost Marplas, banda formada por Flavio, Jay y Astor Cianciarulo viene construyendo con cada EP, una forma singular que también abreva en otros géneros como la cumbia.
El histórico bajista de Los Fabulosos Cadillacs editó junto a sus hijos un simple con El Cumbión Surfero y La Última Cumbia con el sello Hi-Tide Recordings, dedicado a la difusión de artistas del género.









