El “extraño de pelo largo” de Tribunales se convirtió en una pieza más de la historia de la música nacional. Del “fallo Bazterrica” al “papelito” de Pipo y sus defensas de Charly y Calamaro.
Saco, corbata y expedientes bajo el brazo. Hasta ahí, la postal típica de Tribunales. Pero de ese traje sobresalía una melena larga y tupida, más parecida a la de los presidiarios que a la de sus defensores. En el DNI era José Albino Stefanolo, para sus amigos y clientes, siempre fue “Joe”: el abogado del rock.
Se recibió en diciembre del 75´ y comenzó a ejercer en febrero del 76´, poco antes del Golpe de Estado. La sangrienta represión que marcó la época se hizo sentir en la música. Las razzias policiales se volvieron norma en cualquier recital y los artistas fueron o bien exiliados o seguidos de cerca.
En ese contexto llegó el primer gran caso para “Joe”. La policía detuvo a “Sabú”, un cantante en la onda de Palito Ortega que había sido encontrado con marihuana y ácido. Stefanolo asumió su defensa. “Ahí usé por primera vez una frase que después me dio mucho resultado: le dije al juez que la integridad física de la persona detenida dependía de él”, contó muchos años después en Infobae.
El fallo Bazterrica
En 1981, Gustavo Bazterrica hacía la transición entre guitarrista de Luis Alberto Spinetta y miembro de la segunda -y exitosa- etapa de Los Abuelos de la Nada. Durante un allanamiento a su departamento, encontraron una cantidad mínima de sustancias: apenas 3,6 gramos de marihuana y menos de un gramo de cocaína.
La Ley 20.771, dictada en 1974, era implacable: no distinguía entre un gran narcotraficante y un músico que consumía en su intimidad. Bazterrica fue condenado a un año de prisión en suspenso. Fue ahí donde Stefanolo decidió que el caso no podía quedar en una simple probation o condena menor; había que discutir el fondo de la cuestión. Joe asumió la defensa y apeló sistemáticamente hasta llegar al máximo tribunal del país.
El corazón de la estrategia de Stefanolo se basó en la defensa de las libertades individuales consagradas en la Constitución Nacional. Su argumento principal apuntó al Artículo 19, que dice:
“Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados.”
Ya en democracia, con una Corte Suprema renovada y de corte más liberal, el planteo de Stefanolo triunfó. En un fallo histórico de 3 votos contra 2, ocurrido en 1986, la Corte declaró inconstitucional el artículo de la ley que castigaba la tenencia para uso personal.
El “papelito” de Pipo y el “porrito” de Andrés
Eran ya los años 90´. “Pipo” Cipolatti, líder de los Twist, entró a una confitería porteña buscando un teléfono público. Al pasar por la puerta giratoria, un desconocido se le acercó, le dijo “Toma, Pipo”, y le dejó un pequeño sobrecito en la mano. Cuando salió a la calle, la policía ya lo estaba esperando para meterlo preso. Todo indicaba que había sido una “cama”. Stefanolo tuvo que batallar en el juzgado federal.
Los casos de droga y músicos no quedaron reducidos a la tenencia. En uno de los litigios más insólitos de la historia, “Joe” tuvo que defender a Andrés Calamaro por “apología del delito”. El 19 de noviembre de 1994, en el marco de un recital por el aniversario de La Plata, “El Salmón” tiró al pasar: “Qué linda noche para fumarse un porrito”.
Les ofrecieron cerrar la causa con una probation (hacer un recital a beneficio y listo), pero Joe y Andrés se negaron porque aceptarlo significaba admitir que opinar era un delito. La causa se cerró en 2005 pero antes, en 1997, Calamaro redobló la apuesta en el tema “Loco” de “Alta Suciedad”.
La noche más triste de Fito y el himno de Charly
En noviembre de 1986, mientras Fito Páez estaba de gira en Brasil, un asesino entró a su casa familiar en Rosario y mató a sangre fría a su abuela Delia y a su tía abuela Josefa, las mujeres que lo habían criado.
Destrozado, Fito no sabía cómo regresar ni qué hacer. Stefanolo se tomó un micro a Rosario junto a él, puso el cuerpo, se encargó de lidiar con la policía santafesina, ordenó las gestiones judiciales en medio del caos y blindó al músico de la voracidad de la prensa sensacionalista de la época para que pudiera hacer su duelo.
Charly abrió la década de los 90´ con Filosofía barata y zapatos de goma. El disco, con 11 canciones, cerraba con una versión del Himno Nacional Argentino, que se volvió muy popular entre los jóvenes y empezó a sonar a las 0:00 en muchas radios nacionales.
Un abogado denunció a García por “ultraje a los símbolos patrios”. Stefanolo se presentó ante la jueza María Servini de Cubría y armó una defensa hermosa basada en la identidad cultural. Explicó que la versión de Charly no era una falta de respeto, sino una reapropiación afectiva y una actualización para la juventud de la época. La justicia le dio la razón, la causa se desestimó por “inexistencia de delito” y el Himno de Charly quedó liberado para siempre.








