Un mini LP de 23 minutos grabado en una semana de 1986. Cuarenta años después, la colaboración sorpresiva entre García y Aznar sigue siendo irresistible, la historia de cómo una propuesta tecno-pop capturó un momento sin quedarse atrapada en él.
En aquel invierno del 86, cuando El Diego levantaba la Copa del Mundo en México, un tema de machacante batería electrónica se venía colando por todos los parlantes posibles en aquella Argentina de los últimos retazos de la primavera alfonsinista. ‘’Ooooh, no puedes ser feliz, con tanta gente hablando, hablando a tu alrededor”, cantaba Charly García sobre esa base bien maquinosa.
“Hablando a tu corazón” fue el gran hit de Tango, un mini longplay de seis canciones que compusieron y grabaron Charly García y Pedro Aznar en Nueva York, que apareció en las bateas el 29 de marzo del 86.
Digamos que 1986 fue el cenit de lo que era ser “moderno”. No eran momentos para hippies de pelo largo y guitarrita acústica. Teclados de muestreo digital, samplers, controladores MIDI, inundaron muchas de las producciones de la época. El álbum Privé de Luis Alberto Spinetta no escatimó en samples ni en programaciones MIDI, y hasta Los Redonditos de Ricota resignaron parte de su crudeza rockera en pos de un sonido más pop, colando baterías electrónicas en su hoy tan aclamado Oktubre.
La unión García-Aznar fue tan repentina como inesperada, al igual que la de Spinetta y Fito Páez que desembocó en el álbum doble La La La. Lo realmente esperado era una anunciada dupla García-Spinetta, que quedó reducida a un par de canciones (entre ellas Rezo Por Vos), una presentación en TV y un disco que nunca llegaron a grabar. En una visita de Charly a Pedro en Nueva York, surgió la idea de trabajar juntos. Ambos estaban cerrando etapas: Aznar había dejado la banda de Pat Metheny, y García cortaba lazos con su sello discográfico. Un telefonazo al ingeniero Joe Blaney (un factótum del sonido de avanzada de Clics Modernos) bastó para tener horas de estudio, y en una intensísima semana, grabar y mezclar este mini LP de sólo seis canciones y 23 minutos de duración.



El álbum arranca al ritmo frenético de Ángeles y Predicadores, como si se tratara de un ska en clave tecno pop. Le sigue Culpable Eternamente, con Aznar cantando sobre un patern de batería sincopado. Cierra el Lado 1 del vinilo y del cassette (formatos por excelencia de esos años) Pasajera En Trance, una hermosa melodía de Charly que baja drásticamente el tempo, dejando al frente a las teclas que replican la melodía vocal.
Del otro lado del vinilo-cassette aparece Gramercy Park Hotel, con percusiones más sutiles donde se luce la ondulante melodía que canta Pedro. Le sigue el hitazo Hablando a Tu Corazón, donde el machaque tecnoso/repetitivo contrasta hábilmente con los largos “Ohhh” que tira Charly. En La Gente Es La Misma aparece ese Pedro Aznar bajista que todos estábamos esperando, que canta la melodía más intrincada del disco, dando un más que digno final a un álbum cortito que nos deja con ganas de algo más. Pese a eso, la buena repercusión comercial que tuvo Tango les aseguró una gira de presentación por varias ciudades del país. Y la idea de una dupla Charly-Pedro se replicaría en 1991 con Radio Pinti y con Tango 4.
Visto en retrospectiva, Tango demostró que ese Charly disruptivo de Clics Modernos, que en 1983 irrumpió con baterías electrónicas, programaciones y samples, seguía tan entusiasmado con la tecnología, como también lo había estado con los sintetizadores y melotrones en los 70. La propuesta más rockera y directa de Piano Bar (1984) terminó quedando como un paréntesis más “conservador” en la discografía de un García que al fin y al cabo siempre mantuvo, y mantiene, la antena parada ante lo nuevo.
La meticulosidad de Pedro Aznar y la impulsividad de Charly García muestran ese yin y yan con el que fusionan sus diferencias para hacer buenas obras. Tango podría haber quedado en el olvido como tantos discos ya inescuchables con sonido demasiado ochentoso, pero la calidad de algunas de sus composiciones lo hace irresistible hasta para los más detractores de la tan ochentera y hoy cuasi de modé “modernidad”.










