Hace 20 años, un Gustavo Cerati de carne y hueso se reinventaba con un disco crudo, rockero, de guitarras, sacándose de encima el mote de cool vanguardista con el que venía siendo mimado por cierta elite cultora de sonidos dance, hipnóticos y marchosos.
Ahí Vamos apareció en las bateas, en formato CD, el 4 de abril de 2006, a poco más de tres años de su antecesor Siempre Es Hoy. Los hoy ya clásicos de fogón-karaoke, Adiós y Crimen, sonaron por entonces en muchas radios hiteras, en una época en la que el rock era aún música mainstream entre adolescentes que no se perdían ningún sketch de Peter Capusotto y sus Videos, un novedoso guiño rockero de la TV Pública en tiempos de Néstor Kirchner.
Si Fuerza Natural (2009), quedó como el canto de cisne de Gustavo antes de su ACV, Ahí Vamos maduró inevitablemente como lo último más “comercial” de Cerati.

El CD tiene una tapa desplegable y sigue respetando una estética, pocas fotos de Gustavo, las letras, intercalando con el blanco y negro. Un buen complemento es tener el DVD es el de la gira con todo que tiene una gráfica bastante similar.
El álbum se centra en letras un poco más directas que en otras épocas, y en sonidos de guitarras distorsionadas que son el color sonoro de varios temas como Al fin sucede, La Excepción, Dios Nos Libre o Bomba de Tiempo. Si Daniel Melero representa el lado electrónico de Cerati, Richard Coleman es claramente su costado rockero. El líder de Fricción no sólo puso su sello de guitarras crudas en el disco, sino que colaboró con algunas letras. También participaron Fernando Samalea, Leandro Fresco, Bolsa González, el marplatense Pedro Moscuzza, Fernando Nalé, Flavio Etcheto, Emanuel Calvet, Capri, Lolo Gasparini, Paula Zotalis y Tweety González, que ofició como coproductor junto a Gustavo.
Un párrafo aparte merece el arte de tapa, que presenta la portada con fondo negro en los bordes y un círculo de rayos blancos y negros que rodean la silueta en sombra de Gustavo en pose de guitar hero, todo un guiño al sonido con el que nos encontraremos al poner el disco en la compactera. Porque de eso se trata la escucha de música en 2006, cuando YouTube es apenas un experimento de precarios videos caseros, la música se escucha en CDs que se compran en disquerías; y si no hay plata, se compran copiados en plazas y ferias. Y cuanto más sofisticado es el diseño, menos gratificante será tenerlo trucho con tapa fotocopiada. Por eso el círculo de la tapa Ahí Vamos en realidad es un gran agujero en la primera hoja del booklet que, al levantarla, permite ver la figura de rayos en su totalidad. No apto para fotocopias.
Veinte años después Ahí Vamos queda como el legado más popular en la discografía de Cerati solista. Quizás las nuevas generaciones no tengan tan en cuenta en qué momento de la carrera de Gustavo salió este disco, o si fue antes o después de Persiana Americana o de (De) Música Ligera. Un dato curioso es que, en pleno éxito de este álbum, Cerati accedió a reunir a Soda Stereo (2007), cuando en las radios y en MTV todavía rotaban los temas de Ahí Vamos. Eso dejó en claro que, por lo menos para Cerati, la reunión de Soda no se trató de una maniobra oportunista para compensar una irremontable carrera solista. Todo lo contrario.
Ahí Vamos es un disco que nunca perdió vigencia. Frases como “Poder decir adiós es crecer” (precisamente de Adiós, co escrita con su hijo Benito) ya quedaron en el imaginario popular como remate perfecto para despedidas, fiestas de egresados, y demás hitos de cambio en la vida de la gente común; con la misma contundencia de aquel eterno “Gracias… Totales”.









