La conversación arranca con un imperfecto técnico. Adrián Berra estaba del otro lado de la línea, esperando. Es una imagen que, sin quererlo, resume algo del disco: el instante de duda antes de moverse.
Antes de saltar, su nuevo álbum, grabado en agosto del año pasado en Estudio Sonorámica, no suena a un artista que llegó con todo resuelto. Suena a alguien que se sentó en marzo a escribir con una sola canción en el bolsillo y decidió ver qué pasaba.
“Tenía muchas ganas de grabar en el 2025, pero para eso necesitaba tener el material”, dice. “Si bien siempre uno está garabateando y tirando ideas, en marzo dije: me voy a sentar a escribir.”
Lo que siguió fue un proceso de cuatro meses de composición intensa. La señal de que había un disco en camino no llegó con un plan sino con una acumulación: “Cuando ya de golpe tenés tres canciones que te gustan mucho, me parece que eso tiene como una especie de empuje y de fuerza vital. Ahí dije: voy a seguir componiendo alrededor de estas tres también.”
El resultado son nueve canciones: “Rotonda”, “Nunca se termina”, “Lágrima seca”, “Antes de saltar”, “Pasan los años”, “A orillas de la ciudad”, “Domingo”, “Feria de Don Ju” y “Colibrí”, producidas junto a Matías Cella y Tomás Sanguinetti, con una banda que esta vez tiene más protagonismo que en cualquier disco anterior. Sanguinetti en guitarras y coros, Clara Presta en piano, sintetizadores, acordeón y coros, Tomás Boqué en batería y percusión, Lucas Garbarino en bajo y Alejandro Grillo Ferrero en vientos. El mastering estuvo a cargo de Daniel Ovié.
La tapa del disco es casi austera: azul, blanco, geometría mínima. Para alguien que viene de portadas con más elementos, el giro es deliberado.
“Lo que buscamos fue que sea un poco más colectiva la búsqueda”, explica Berra. “Este disco tiene mucha más presencia de banda que los anteriores, y me pareció que estaba bueno que eso se refleje. Quería sacar la imagen más clásica del universo del cantautor.”
La paradoja fue diseño: mientras musicalmente sumaban capas, instrumentos y timbres, la tapa vaciaba. La idea llegó a través de Kevin, el artista que hizo el arte. “Me pareció que tenía mucho sentido esto de rellenar musicalmente y vaciar la tapa. Eso me pareció que tenía mucha fuerza”, dice, y agrega algo que suena a principio antes que a anécdota: “Era tenga más fuerza con menos elementos.”
El azul, en cambio, no fue una decisión: apareció. “El agua está muy presente en mi vida en los últimos años. Tiene sentido, pero no fue buscado específicamente.”
Berra se define como cancionista antes que como guitarrista. La distinción importa porque explica el disco: en Antes de saltar, la guitarra criolla casi no aparece. Hay acústica, hay eléctrica, hay un universo sonoro que se amplió sin que la canción perdiera el centro.
“Si me preguntás qué soy, soy un hacedor de canciones. Me considero más cancionista, más compositor, que de golpe guitarrista. Sin embargo, me encanta tocar la guitarra y toco en todos mis temas.” La contradicción no lo incomoda: “En este disco le entré a la canción desde un lado distinto para mí, desde mi historia.”
Ese movimiento de expansión, crecer para los costados, dice él, no solo para arriba, es algo en lo que insiste más de una vez. “Para mí crecer tiene que ver con poder ir nutriendo tu universo con distintos elementos, distintas personas. Cuando aparece otra gente, viene a nutrir tu universo. Que cada vez sea más rico.”
Hay una conversación más grande dentro de la que Berra trabaja y la reconoce sin eufemismos. El género del cantautor en Argentina, dice, vive en un lugar raro: existe, tiene calidad, pero no tiene escena grande.
“El cancionero popular me parece que está más anclado al rock nacional o al folklore. Todos nuestros cancionistas son roqueros.” Eso deja al cantautor, el que habita ese espacio entre géneros, el que viene de la tradición del folk pero no es folklore, en un lugar que él llama outsider. “Me parece que es como un género alternativo, más periférico.”

Cita a Drexler como el único que pateó el tablero a escala. “Vino a poner la canción a otro nivel de comunicación y de alcance. Pero después como que no hay una escena que se desarrolle alrededor de eso.” Y agrega lo que lee como una deuda pendiente, propia y colectiva: “Todos los que hacemos canciones tenemos también la responsabilidad de juntarnos y meterle leña para que la canción llegue más lejos.”
El 5 de junio, Berra presenta Antes de saltar en el Vorterix Club de Mar del Plata. Conoce la ciudad hace años, desde cuando tocaba en lugares pequeños que ya no existen. “Hay lugares que quiero mucho porque son como los primeros lugares que fui. Mar del Plata fue uno de esos.”
La gira es la segunda mitad de un proceso que duró un año mirando hacia adentro. “Fue un año de estar más metido para dentro, de hacer todo el proceso de composición, producción, ensayo, grabación”, dice al principio de la conversación. “Ahora se viene la parte más linda, que es salir a compartir todo lo que uno hizo.”











