Desde una casa en las sierras de Córdoba, Ana Poluyan atiende el teléfono mientras revisa decisiones sobre un próximo Gran Rex. La escena resume bien su oficio: calma aparente, múltiples conversaciones abiertas y una agenda que piensa el futuro con meses, a veces años, de anticipación.
Licenciada en Comunicación Social, fundadora de la agencia de management y booking APA!, y responsable de algunas de las carreras más importantes del pop y el rock argentino, Poluyan lleva más de veinte años en la industria. En ese tiempo dirigió el rumbo de Los Pericos, acompañó el fenómeno contemporáneo de Miranda!, trabaja con Turf y también impulsa nuevos proyectos.
Pero su figura no se limita a la gestión de artistas. Fue una de las impulsoras de la Asociación Civil de Managers Musicales Argentinos (ACMMA), espacio desde el cual se busca profesionalizar el sector y fortalecer la presencia femenina en un rubro que, durante décadas, estuvo dominado por hombres.
La conversación ocurre en los días previos al 8 de marzo, mientras la industria musical termina de acomodarse después de un verano intenso de festivales y giras.
Poluyan describe el comienzo de 2026 con la naturalidad de quien convive con la actividad constante.
“En este momento estoy en Córdoba, en La Cumbre, mirando la sierra mientras hablo. Pero estoy trabajando desde las ocho de la mañana”, cuenta en diálogo con la Revista Apolo.
La postal es tranquila, aunque la temporada no lo fue. Durante febrero acompañó a Miranda! en una gira europea mientras el resto de los artistas de su agencia sostenían una agenda fuerte de conciertos en Argentina.
El trabajo del management, explica, ocurre en simultáneo en muchos planos.
“Es un trabajo muy personalizado. Recién hablé una hora y media con Ale Sergi. A la mañana hablé con Benja. Y mientras tanto estoy chateando con Los Pericos para decidir un arte del Gran Rex”, dice.
Ese carácter cercano convive con una estructura organizada. En APA! cada artista tiene un referente que sigue el día a día. Poluyan se concentra en la estrategia general.
La planificación, asegura, es la base del oficio: “Hay que trabajar con mucha anticipación. Ahora estamos cerrando proyectos del segundo semestre. El primer semestre lo programamos el año pasado”.
La industria que ya no existe
Cuando Poluyan comenzó a trabajar en el management, a principios de los años 2000, el mundo de la música era otro.
Las plataformas digitales no existían. La difusión dependía de radios, televisión y medios gráficos. Los dispositivos portátiles recién empezaban a popularizarse.
“Todavía teníamos el iPod. Cargabas las canciones y usabas el shuffle para ver qué salía”, recuerda.
También era un ambiente mucho más cerrado para las mujeres.
Poluyan cuenta una escena que se repitió muchas veces durante sus primeras giras con Los Pericos por América Latina.
“Llegaba a un festival en México y en vez de hablar conmigo le hablaban al jefe de escenario, que era un pibe que trabajaba para mí. Solo por ser mujer”.
Con el tiempo la situación cambió. Hoy observa una presencia femenina mucho más fuerte en distintas áreas de la industria.
“El management también creció mucho en ese sentido. Hay más mujeres tomando decisiones y ocupando espacios”.
Tecnología, algoritmos y emociones
En veinte años, la transformación tecnológica fue radical. De los CDs y las descargas se pasó al streaming, las redes sociales y, más recientemente, a la discusión sobre inteligencia artificial.
Poluyan sigue el debate con atención, pero mantiene una convicción clara sobre el centro del negocio musical. “La música en vivo es irremplazable”, afirma.
Para explicarlo suele usar una metáfora simple: “Yo digo que soy la panadera que vende las medialunas. El pan lo hacen los artistas”.
Incluso si la inteligencia artificial llega a producir canciones o artistas virtuales, cree que el escenario seguirá siendo el punto decisivo.
“¿Cómo replicás eso en vivo? Las emociones que genera un concierto son humanas”.
Durante la pandemia, recuerda, la industria intentó alternativas como los autoconciertos, donde el público permanecía dentro de sus autos. La experiencia fue extraña.
“No sentías los bajos en la panza. Estabas detrás de un vidrio”.
Hoy la tecnología puede recrear espectáculos con avatares —como el famoso show digital de ABBA en Londres—, pero Poluyan cree que esas experiencias funcionan porque parten de artistas reales.
“El encanto genuino de las personas es irremplazable”.
El fenómeno de las canciones que vuelven
El caso de “Tu misterioso alguien”, uno de los clásicos de Miranda!, ilustra bien cómo funciona hoy la circulación musical.
La canción tiene más de veinte años. Sin embargo, volvió a viralizarse recientemente después de una interpretación espontánea en el programa La Voz.
“Fue algo totalmente improvisado”, cuenta Poluyan. “Ni siquiera sabíamos que iban a cantar”.
La escena, Ale Sergi y Juliana Gattas interpretando la canción desde el sillón del programa, se multiplicó en redes sociales. La canción volvió a las plataformas y ganó una nueva generación de oyentes.
“Ese día lo vi en vivo por televisión y pensé: ‘Qué bien que cantaron’. No imaginé que iba a pasar lo que pasó”.
La historia ilustra un rasgo del ecosistema actual: las canciones ya no tienen un ciclo lineal. Pueden desaparecer durante años y regresar de repente impulsadas por la cultura digital.
La batalla por profesionalizar el sector
Además del trabajo con artistas, Poluyan dedica parte de su tiempo a la ACMMA, la asociación que nuclea a managers musicales argentinos.
El proyecto nació con una idea central: pensar cada proyecto artístico como una pequeña empresa cultural.
“El manager es la cabeza de un proyecto. Y cada proyecto musical es una empresa”.
La organización busca generar espacios de cooperación y también impulsar cambios normativos para mejorar las condiciones de trabajo de músicos y equipos técnicos.
Algunos problemas parecen pequeños, pero tienen impacto directo en las giras.
Uno de ellos fue la habilitación de los micros de gira, que durante años enfrentaron trabas legales porque la normativa prohibía transportar carga y personas en el mismo vehículo.
Otro tema aún pendiente es la obligación de pagar una exportación temporaria cuando un músico sale del país con su instrumento.
“Es como si a un médico le cobraran por salir con su estetoscopio”, explica.
Para Poluyan, la fuerza colectiva es clave para resolver estos obstáculos.
“Unidos siempre tenemos más capacidad que trabajando de forma individual”.
Consejos para las nuevas generaciones
En los últimos años, el interés por el management musical creció entre jóvenes que buscan participar en la industria sin estar necesariamente sobre el escenario.
Para quienes empiezan, Poluyan repite una receta simple, aunque exigente.
Primero, trabajo serio y sostenido.
Segundo, planificación a largo plazo.
Tercero, creatividad.
“Y algo fundamental: compartir información con otros colegas”.
El oficio, insiste, no se sostiene en la competencia permanente sino en la cooperación.
“Unirse con otras personas siempre fortalece los proyectos”.
La artesanía del management
En una industria dominada por datos, métricas y algoritmos, Poluyan sigue defendiendo una lógica casi artesanal.
Cada artista requiere una estrategia distinta. Cada proyecto tiene su propio ritmo.
La planificación puede incluir campañas en redes, televisión, vía pública o plataformas digitales. Pero detrás de todo sigue existiendo una conversación constante entre personas.
Horas de teléfono. Decisiones sobre repertorios. Ideas para un show que todavía falta meses.
“Horas Silla”, dice Poluyan, con humor. Pequeñas horas de trabajo acumuladas. Las mismas que, al final, sostienen carreras que atraviesan décadas.










