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Soda Stereo ECOS: postales de un sueño lúcido

Ecos, el show holográfico de Soda Stereo, pasó por Mar del Plata con siete mil personas adentro y una pregunta flotando: ¿Qué significa ver a alguien que no está?

Cerca de las siete de la tarde, con el viento golpeando fuerte desde el mar, la fila ya ocupa una manzana y media sobre la vereda del Polideportivo Islas Malvinas. Una manzana y media de familias enteras, de padres con hijos que todavia no habían nacido cuando Gustavo Cerati grabo “Juegos de seducción”, de parejas con remeras de otras giras que se mezclan con las del merch oficial, conviviendo con los manteros desplegados sobre el piso a metros de los puestos de la produccion. La cola avanza despacio. Nadie protesta. Hay algo en ese orden casi ceremonial que ya dice de que va la noche.

En la entrada reparten lentes 3D. Una máquina de humo perfuma el acceso. La gente entra, ocupa el campo, mira hacia un escenario todavía vacio y empieza a hacer palmas. “Es un homenaje”, dice alguien cerca.”No, es más que eso”, responde otro. La discusión queda abierta.

El show arranca con “Ecos” y el Polideportivo procesa el golpe en silencio antes de explotar. Después “Juegos de seducción”, y para cuando llega “Nada personal” el holograma de Cerati aparece por primera vez. La tecnología hace algo que el ojo tarda un segundo en creer. No es euforia inmediata. Es reconocimiento. Es el cuerpo procesando algo que la cabeza todavía no termino de ordenar.

“Hombre al agua” y “Ella usó mi cabeza como un revolver” sostienen la tension. Zeta Bosio y Charly Alberti están ahí, en carne y hueso, tocando. Y eso importa mas de lo que la producción quizás calculó: hay momentos en que el bajo se pasa de excitado y genera una bola de sonido que aplasta desde las plateas, un acople que vuelve difusa la voz de Gustavo. No es un defecto menor. En un show donde todo esta calibrado para sostener una ilusion, el sonido que no cierra rompe la magia exactamente cuando más necesitas creer.

Durante “Cuando pase el temblor” la pantalla gigante pide ponerse los lentes 3D. La mayoría obedece para luego sacarselo a los pocos segundos: no agregan dimensión, entorpecen más de lo que suman. Mientras tanto, Zeta y Charly se bajan del escenario y en la pantalla pasan un videoclip. La ausencia de los músicos, paradójicamente, hace que el holograma se sienta más solo y más real.

“Luna roja” llega como interludio: el holograma de Cerati pisando un pedal wah-wah, una licencia que, como sus movimientos en el escenario, te hacen sentir que está con nosotros. Hay algo casi intimo en eso. Después “Toma la ruta” y “En el séptimo día”, con el campo respondiendo a cada acorde. El juego de luces se afina. La sensación empieza a parecerse menos a un show y mas a otra cosa, algo entre el sueño y la memoria.

“Ciudad de la furia” es el momento técnico mas impresionante de la noche: la cámara apunta de espaldas a Cerati, con el mar de gente adelante. Ver al holograma desde atrás, con la perspectiva invertida, produce un vértigo particular. Ya no es solo una imagen proyectada: es una presencia que ocupa el espacio de una manera que el cerebro no termina de catalogar como falsa.

“Sobredosis de TV”, “Persiana americana” con el publico cantando cada silaba, “Misil en mi placard”. La acumulación hace su trabajo. Esto es lo que Ecos hace bien, cuando lo hace bien: construye en el tiempo. Un solo tema no alcanza para explicar por que siete mil personas estan de pie. La suma, sí.

Durante “Zoom”, Charly y Zeta vuelven a bajar del escenario. Lo que queda es puro espectáculo visual: imágenes retro en la pantalla, figuras en 3D que no intentan reproducir a nadie sino construir otra cosa. “Primavera 0” llega después, y con ella la sensación de que el show esta llegando a su forma definitiva.

“Profugos” trae el detalle de producción que nadie esperaba: una bateria instalada en el medio del campo, rodeada de gente. El sector explota. Jovenes llorando junto a sus padres. “Es mi primer recital”, se escucha en varios puntos, dicho con una seriedad que no admite ironía.

El cierre es “De Música Ligera”. Sacan plataformas al campo y Zeta y Charly suben a ellas en el medio del público, rememorando lo mas rockstar de su historia. La gente salta. Charly tira sus baquetas al publico. Transmite la emoción y confirma que algo de todo esto fue real , que hay cuerpos ahí, que la banda existe mas allá del holograma.

La sensación que deja Ecos no es la de haber visto un show. Es la de haber estado en un sueño lúcido: sabés que no es real, sabés exactamente en que consiste la ilusión, y aun así no podes dejar de sentirla. Siete mil personas procesando cosas distintas con la misma música. Quizás eso sea suficiente. Quizás sea todo lo que se puede pedir.

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