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Patricio Rey, disco a disco: la evolución del sonido del Indio

Empapado de influencias eclécticas y siempre en busca de nuevas texturas que vehiculicen su obra, Solari fue un alfarero sonoro que pasó por el post-punk oscuro, los rocanroles de dientes apretados, el heavy grunge criollo y los sampleos experimentales.

El Indio es reivindicado ante todo como poeta y cantante. Sin embargo, Carlos Alberto siempre estuvo muy metido en la parte musical. Los 10 discos de los Redondos, publicados en apenas 15 años, revelan una capacidad casi infinita de orfebrería sonora.  

Patricio Rey, con la dupla Solari-Beilinson al frente, fue absorbiendo géneros y matices para reconvertirlos en vehículos que, como ocurre con los adjetivos de Borges, dejan la sensación de haber sido la única opción posible. 

Gulp!: un infierno encantador

Para 1985, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota ya llevaba siete años en el ruedo. La salida de Gulp! permitió nuclear muchos de los temas que el grupo ya tocaba. En aquella primera etapa, la música era una de las tantas artes que se exhibían en los shows, en los que también había acróbatas, payasos y monologuistas. 

Ese espíritu teatral está presente en la sonoridad de Gulp, una placa en la que, salvo algunas excepciones, prima un ánimo festivo que contrasta con la lírica áspera del Indio. Pierre, el vitricida, Yo no me caí del cielo y Unos pocos peligros sensatos, invitan a bailar. Roto y mal parado y Criminal Mambo, nos introducen en un ambiente de humareda y noche. 

En ese entonces, la guitarra tenía doble comando: Skay era acompañado por Tito Fargo. En el bajo estaba Semilla Bucciarelli y en el saxo un jovencísimo Willy Crook, que inspirado en la banda sonora de Lawrence de Arabia, convirtió el solo de La Bestia Pop en un canto de guerra ricotero. El disco cerraba con un simpático teclado de Lito Vitale, instrumento que utilizarían más de una vez de aquí en adelante aunque sin un miembro fijo.

Oktubre: estamos todos en naufragar (1985)

Las bombas de Fuegos de Octubre anticipan lo que vendrá: un clima de paranoia y guerra fría. Con un tranco más pausado que su antecesor, el álbum se monta sobre las reverberancias de Skay para construir una atmósfera post-punk pesada. Con la misma formación y apenas un año después, los Redondos dan muestras de su versatilidad. 

El halo de misterio y neblina de Motorpsico, Semen Up y Canción para Naufragios cambian de marcha pero no de tono en JiJiJi -el clásico de todos los los tiempos-. Las excepciones tal vez sean Divina TV Führer -de estirpe gulpeana- y Ya Nadie Va A Escuchar Tu Remera, ese cierre optimista donde el Indio pide que protejamos nuestro aliento en este día y cada día. 

El disco, junto con la imaginería de Rocambole, se convirtió en unos los grandes íconos de Patricio Rey. 

Un baión para el ojo idiota: el futuro ya llegó

El ingreso de Walter Sidotti en batería y de Sergio Dawi en saxo en 1987 significó el principio de la formación más duradera y conocida de Patricio Rey. En Un baion para el ojo idiota el sonida crece y consolida las dos vertientes de la bada: el más teatral en Masacre en el puticlub y Vamos las bandas y el de la densidad, especialmente en el himno Todo un palo. 

Dentro de los casi 7 minutos que dura el tema de cierre, entra el solo de Skay que el Indio, antes de quebrarse, definió como “lo que había que hacer”.

El grupo también abrió un espacio para un tercer camino de rocanrol de venas hinchadas como Vencedores Vencidos y Todo preso es político. Una curiosidad del disco es que tiene uno de los pocos temas que no está firmado en solitario por la dupla Solari-Beilinson. En Ella debe estar tan linda, Semilla estampó su firma.

¡Bang Bang! Estás liquidado: rock para los dientes

Ya desde el título y el arte de tapa, el Indio se mostraba en pie de guerra. Desde la música, eso se tradujo en su disco más corto y directo. Las nueve canciones son una piña tras otra proporcionadas por rocanroles de dientes apretados. 

Skay entre varios de sus riffs más memorables en La Parabellum del buen psicópata y en la marcha Nuestro amo juega el esclavo. En Nadie es perfecto y Maldición va a ser un día hermoso, los redondos no esconden su capacidad para hacer rock a secas. 

Con Esa estrella era mi lujo el Indio se consagró cómo nuestro único héroe en este lío y en Ropa Sucia, nos recordó una verdad atávica: vivir, solo cuesta vida. 

La Mosca y la Sopa: fijate de qué lado de la mecha te encontrás

Los Redondos abrieron los 90´ en estado de gracia. Injustamente catalogado en su momento como “comercial” por sus hits más radiales -Mi perro dinamita y Un poco de amor francés-, el grupo demostró que podía hacer todo y bien. 

Si Toxi-taxi y Queso Ruso se paraban directamente sobre Bang Bang, el Blues de la Artillería recuperaba esa alma de circo oscuro de la primera época. En Tarea Fina y Nueva Roma incorporaron la armónica de Luis “Missisipi” Robinson. 

Lobo Suelto/Cordero Atado: las llamas invaden tu cuerpo

La convocatoria de PR se duplicó y casi como una emulación de ese crecimiento, el Indio, Skay y compañía encararon un disco doble. Lobo Suelto trajo Un ángel para tu soledad, que sería, a su vez, el último tema tocando en vivo por los Redondos antes de su separación. 

El álbum dejó una estela de temas ruteros -Rock para el negro Atila y Yo Caníbal-, clásicos de lo que el Indio denominó como “la franela” –Susanita, La hija del fletero y Caña seca y un membrillo– y también algunos interludios misteriosos como Capricho Magyar y la Soga de caín. 

Etiqueta Negra, haciendo honor a su nombre, se revela como un whisky de altísima costura para beber mientras se musicaliza un film noir. 

Luzbelito: banderas en tu corazón 

Si uno escuchase a ciegas los riffs de Ella baila con todos o los potentes pasajes de guitarra de La dicha no es una cosa alegre, bien podría pensar que los Redondos eran una banda heredera de Black Sabbath. Claro que, cómo siempre, cada estilo absorbido por el Indio y Skay, se convirtió en una pieza ricotera que parecía ajena a cualquier lazo sanguíneo. 

Las escenas de inspiración bíblica de Luzbelito y las Sirenas, continúan en la sensual Fanfarria del Cabrío y la tenebrosa Rock Yugular, donde el Indio baja mil octavos para introducirnos en un clima infernal. El Indio colocó también dos antiguos temas de la banda: el Blues de la libertad y Mariposa Pontiac – Rock del País.

Sin embargo, la cuota más alta del álbum llega con el cierre en Juguetes Perdidos, dedicada a Walter Bulacio, ricotero asesinado en 1991 por la policía. 

Último Bondi a Finisterre: Dios es digital

El quiebre más grande en el sonido del grupo llegó en el año 1998. No a muchos ricoteros les hizo gracia ese estallido de sampleos con el que comenzaban Las Aventuras del Capitán Buscapina en Cybersiberia. Rocambole presentaba a los cinco redondos como personajes 3D encapsulados en un artefacto electrónico. 

Los sampleos ganaron lugar y en consecuencia, se lo quitaron a Walter, Semilla y Dawi. El Indio, con sus maquetas, comenzó a delinear un camino que luego continuaría como solista: las canciones construidas sobre densas capas de sonidos y texturas. Esto aplica a Drogocop, Esto es to-todo amigos y El Ángel del Gran bonete.

Fuera de esta lógica quedó Gualicho que podría haber entrado tranquilamente en la época de Lobo Suelto. En Una pequeña novia para el carioca, implementaron un reverb de batería que popularizaría mucho tiempo después en el trap. A su vez, el Indio ensayó una variante vocal casi susurrante, hasta entonces inédita en la obra.

Momo Sampler: la murga de los renegados

Las canciones de Momo Sampler sólo vieron la luz en tres conciertos. A menos de un año de su salida, el grupo ya estaba roto. Con temática de carnaval oscuro, el Indio profundizó en los caminos de Último bondi aunque con un sabor de boca más equilibrado. 

El medallón metálico que venía con el CD representa a la perfección el clima sonoro del álbum: rock industrial y fabril. Templo de Momo entra como una gran piña de acero que acentúa en la Murga de los Renegados y en la Murga de la Virgencita. En Pool, averna y papusa, el grupo se para sobre el blues para detallar un ambiente sórdido. 

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