Cualquiera que haya hecho zapping con la ruedita del dial allá por 2006 se habrá topado con unas rimas efectivas al mejor/peor estilo de Andrés Calamaro: “Damián”’ rimando con “el man” y con “mi van”’, o ‘’canal Sony” con “pony” y “barrio Marconi”’. No es un manifiesto intelectual, ni político, sólo palabras que forzosamente riman con el verso anterior. Acentuaciones agudas que detallan los numerosos contratiempos para lograr algo tan simple como llegar a la casa un tal “Damián”.
Con letras ingeniosas, sarcásticas, juegos de palabras, y poderosos estribillos, los uruguayos Cuarteto de Nos conquistaron al público argentino en esos primeros años post Cromañón. Una banda que, desde hacía dos décadas, venía de incursionar en ritmos variados, heredera de una irreverencia ochentosa proto punk, y que para el 2006 se estaba reinventando con un giro de timón más mainstream de la mano del productor Juan Campodónico.
El 20 de mayo de ese año salió a la venta Raro, el undécimo álbum de estudio con el que se consagrarían en toda Latinoamérica. Además de Yendo a la casa de Damián, el otro caballito de batalla fue Ya no sé qué hacer conmigo, una enumeración de identidades que juega entre lo contradictorio y lo absurdo. “Ya ayuné por causas al pedo / ya me empaché con pollo al espiedo’’ o “’Ya lancé piedras y escupitajos al lugar donde ahora trabajo” muestran esa dicotomía entre alguien idealista y alguien que sucumbió al individualismo posmo más alienante. Cualquier bondi lo deja bien a ese tipo al que le dicen “vos siempre cambiando ya no cambiás más”.
La pluma de Roberto Musso, cantante y principal compositor, no sólo es ingeniosa en rimas, también plantea temas como la alienación mental en Natural, la marginalidad cotidiana en Pueblo Podrido, o el cinismo nihilista en Así Soy Yo. El humor sarcástico también aparece en Pobre Papá, del bajista Santiago Tavela, quien se compadece de su “’Pobre papá”’ a quien “no le gusta trabajar”, rematando con “si el trabajo es salud, que trabajen los enfermos”.
Con este disco, el Cuarteto de Nos instaló un formato canción que mezcla interminables estrofas cuasi rapeadas que desembocan en potentes estribillos de melodías dignas de hinchadas de futbol. La fórmula continuaría en los dos discos siguientes: Bipolar (2009) y Porfiado (2012) que, con el diario del lunes, ya son considerados la santa tríada del cuarteto.
Ya desde su tapa, Raro hace honor a su título. El rostro en primer plano de un hombre de mediana edad, con barba semi crecida, anteojos y un aire nerd, no es otra cosa que la combinación de diferentes partes de los rostros de los cuatro integrantes del grupo, que se completa con Riki Musso en guitarra y voces, y Alvin Pintos en batería y coros.



El paso del tiempo ubicó a Raro como ese disco del Cuarteto de Nos que hay que tener sí o sí como punto de referencia. Y paradójicamente, su álbum más consagratorio hoy es raro (¡plashh!) de conseguir. El catálogo post-Raro, perteneciente a EMI, viene siendo reeditado de manera un tanto random con ediciones nuevas en vinilo y en CD, pero que al momento en que esto se escribe, no hay una reedición en CD de Raro en disquerías que vendan material nuevo. Por eso, en el mercado de usados un CD Raro de época ronda los 30 mil pesos.
Cuarteto de Nos nunca dejó de tener vigencia. Siguen llenando lugares como el Movistar Arena, y el año pasado colmaron las instalaciones de Once Unidos, con un público llamativamente joven, preadolescente, acompañado de unos padres que flashearon con el grupo dos décadas atrás.
Por lo que uno recuerda de ese 2006, Cuarteto de Nos vino claramente a sacudir el panorama del rock argentino, levantando bastante la vara en cuanto a las letras, el humor, la ironía y los juegos de palabras, en una época en que cierto rock chabón estaba simplificando demasiado las cosas.









