Garcia se encuentra activo, lúcido, con algunos problemas de movilidad, pero con esa “pobre antena” siempre atenta al pulso del universo.
Un artista pendular, que bucea entre la música clásica y el rock cuadrado, y con una pluma que decodifica desde postales colectivas de época hasta sus misteriosos demonios internos. Un Charly completo. Un “aliado” a Mar del Plata, ciudad que le hizo una estatua celebrando sus primeros pasos profesionales con Sui Generis. Ya tan nuestro como el mismísimo Piazzolla.
Y si vas a la derecha y cambias hacia la izquierda ¡adelante!
Nadie hubiera apostado, allá por el año 2000, a que ese Charly que se tiró a una pileta desde el noveno piso de un hotel llegaría a ser un señor mayor de 75 años. Nadie hubiera imaginado que ese Charly descontrolado, en pocos años terminaría hermanado con Palito Ortega, el artista “complaciente” por excelencia para la inteligenzia rockera.
Pero esas curvas no señalizadas siempre delinearon los caminos que García eligió transitar. Cuando Sui Generis logró por fin el éxito como dúo acústico, García lo electrificó al mejor estilo Bob Dylan 1965. Cuando a nadie le convenía que la marca Sui Generis dejara de existir, Charly armó La Máquina de Hacer Pájaros. Cuando el rock de la época de Malvinas se mezclaba entre post hippies acústicos y metaleros con camperas de cuero, se despachó con el tecno pop de Cllics Modernos.
Ese abanico abierto en 360º que es Charly, refleja esa dualidad que tiene desde que la música entró en su vida. Del niño prodigio que rendía todos los años en el Conservatorio Thibaud Piazzini, hasta el joven rebelde cooptado por la beatlemanía que se hizo pasar por loco para que le dieran de baja en la colimba. Eso es Charly García, alguien que elogia al folclorista Ariel Ramírez y se fascina con Marilyn Manson.
Tocaba el piano como un animal
Su tan mentado oído absoluto y el haber estudiado música de manera formal y rigurosa son escalones que lo distinguen a todas las luces del resto de los rockeros. Es nuestro Mozart, él lo sabe bien, y León Gieco supo ponerle palabras a esa mirada perpleja que genera en sus colegas, resignados a ser meros “Salieris de Charly”, músicos competentes pero conscientes de no tener esa genialidad del bigote bicolor. El entramado inseparable de una voz melodiosa sobre un piano inquieto que logra en temas como Desarma y Sangra (1980) o De Mí (1990) dejaría boquiabierto al mismísimo Elton John.
Ese plus de conocimientos y habilidades musicales le permitieron a García, entre otras cosas, crear la banda sonora para la película Pubis Angelical (1982) que, lejos de ser música incidental, es una suma de hermosas composiciones al piano, con influencias de Chopin y de Eric Satie. Valen la pena la escucha de los instrumentales Rejas Electrificadas, Monóculo Fantástico, Sereno Fantástico (que no es otro que 20 Trajes Verdes, grabado originalmente con Serú Girán), el homónimo Pubis Angelical y el hot jazz de Caspa de Estrellas. Ningún otro músico del rock argentino hubiera podido hacer eso.
Y como buen reinventor de sí mismo, en los 90 se salió del piano chopinesco, se encerró en su habitación y empezó a crear collages sonoros al mejor estilo de la “pared de sonido” del productor Phil Spector. Su etapa Say No More daría que hablar. La creación constante y caótica sería el modus operandi de su autodenominado “constant concept”. Un Charly muy flaco, acelerado, con el pelo teñido de rubio, polémico, autodestructivo y audaz. El Charly que se tiró del noveno piso. El Charly de las internaciones. El Charly que sería insospechadamente rescatado por Palito Ortega.

60 x 60
El Charly post-Palito, de fines de la década del 2000, más robusto y saludable, fue el bonus track ideal para que las nuevas generaciones conocieran a un García más lúcido y reposado, dispuesto a dar entrevistas largas, contando pausadamente muchos detalles de su historia. En YouTube se pueden encontrar gemas de ese Charly entrevistado por Beto Casella, Alejandro Fantino y hasta por el historiador Felipe Pigna.
Esa vuelta al Charly más “normal” quedó coronada con los conciertos que dio a finales de 2011 en el Gran Rex, cuando cumplió sesenta, que fueron editados al año siguiente en la caja 60×60. Con el diario del lunes, y a quince años de distancia, podemos inferir que ahí quedo in eternum un Charly muy lúcido, muy profesional, ya de vuelta de sí mismo, animándose a presentar su propia retrospectiva, resumiendo en tres shows y un total de sesenta canciones sin repetirse, lo mejor de su obra. Un paralelismo, si se quiere, con lo que fue para Luis Alberto Spinetta, su show de Las Bandas Eternas, en diciembre de 2009, cuando también estaba arrimando a las seis décadas de vida
Las focas y el casino en La Feliz
En el libro Rock´n rolleando Mar del Plata (2000), el escritor, surfista y creador del Club de Aliados a García, Gabriel Nannini, logró algunos testimonios valiosos de Charly y su vinculación con Mar del Plata. Todos sabemos que esas figuras de bronce que los inmortaliza jóvenes y hippones a él y a Nito Mestre, en la calle Rivadavia casi Santa Fe, es un homenaje a los Sui Generis por su ciclo de recitales en el teatro Olimpia. Esas primeras temporadas en Mardel fueron el tour de force profesional, como si se tratara de un The Cavern veraniego de principios de los 70`, para ese combo que terminó como dúo porque el resto no se bancó el lento y sinuoso trajín hacia el estrellato.
En el libro de Nannini, Charly recuerda distintos momentos y lugares, como la pensión de la calle San Luis que compartieron con Litto Nebbia y los Huinca; la temporada de recitales con Pedro y Pablo; haber visto a Los Gatos con Pappo en el predio de Playa Grande; los pucheros del mítico restaurant Ambos Mundos; su encuentro musical con Sandro en el Hotel Hermitage; y algunas noches en El Divino de Sobremonte; y otras en el Elvis Café, en donde de repente podía dar un show sorpresa para los desprevenidos parroquianos.
En su etapa Say No More, García solía hacer recitales en lugares chicos, de manera espontánea, a veces con músicos circunstanciales del lugar, o él solo con un teclado. Después de llenar un teatro con un show “en serio”, a veces seguía de caravana en pequeños pubs con recitales sorpresa en los que se despachaba con temas de los Beatles, de los Stones y con lo que le pintara en el momento. El Charly pendular en modo constant concept.

Posludio
En un 2026 en que la parca se llevó al Indio Solari, a Ruben Rada y otros tantos indispensables, es para celebrar que Charly García esté vivo luego de una vida tan intensa y tan al borde. Homenajes, reconocimientos, títulos honoríficos, selfies, gratfitis en la puerta del edificio Coronel Diaz y Santa Fe, son parte de la cotidianeidad del Charly de hoy. Un Charly que, si le pinta, graba un disco, hace un dibujo, o va a ver un recital. Un Charly que sigue ejerciendo la libertad de ser él mismo, una forma de ser por la que también pagó un precio, pero que hoy le permite recibir más amor que nunca.











Un Comentario
Fantastica nota! Me encantó lo de “The Cavern veraniego de principios de los 70`”. 75 y vamos por más!!! Abrazos Marcelo!