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All You Need Is Serú Girán por Lebón y Aznar

Un complejo deportivo colmado, generaciones enteras, y una ausencia que se sintió en cada canción.

El Polideportivo está lleno antes de que suene la primera nota. Hay abuelos con remeras de La Grasa de las Capitales comprada esta misma tarde y chicos de veinte años que se saben cada letra de memoria. Se cruzan viejos conocidos entre la gente, se abrazan, se ríen de encontrarse ahí después de tanto. Está Mar del Plata entera adentro de este complejo, y todos comparten la misma fantasía silenciosa: que en algún momento de la noche aparezca un Charly García añejo y les regale el último baile.

Suena “All You Need Is Love” de los Beatles antes de que se apaguen las luces. Es una declaración de principios disfrazada de calentamiento de sonido. Cuando arranca el show, el estruendo tapa cualquier otra cosa. Pedro Aznar y David Lebón se funden en un abrazo que la gente va a recordar más que la primera canción.

El sonido de “En la Grasa de las Capitales” es épico, sucio en el punto justo. La batería pega en el pecho. Cae la serpentina, y ahí, en medio del ruido, la voz rasgada de Aznar en los agudos le da a la canción una humanidad que ninguna versión de estudio tuvo nunca. Con “Mendigo en el Andén” empieza el llanto colectivo, aunque todavía falta lo más fuerte.

“Alicia en el País” cae distinta esta noche. La letra sobre la dictadura genocida no necesita explicación para nadie en esta sala: hay sonrisas de recuerdo, hay caras que se ensombrecen un segundo y vuelven. “Perro Andaluz” llega con imágenes de ellos jóvenes proyectadas atrás, y ahí el público entiende que esto no es solamente un recital: es una cuenta pendiente con el tiempo.

La gente grita gracias. Pregunta qué es ese bajo, entre asombrada y agradecida. El tono de Aznar es absoluto, dicen, y no hace falta preguntar por qué.

Con “Nos Veremos Otra Vez” el show cambia de categoría. Hay silencio total, entrega total. La gente canta y se le corta la voz a mitad de estrofa; se escuchan sollozos entre los aplausos. Entre armonías vocales se escucha: “No Estés Solo en Esta Lluvia”, el Polideportivo se pone de pie como un solo cuerpo. Aznar y Lebón se abrazan otra vez, y esta vez el abrazo dura. Saben lo que acaban de hacer. “Genios”, grita alguien, y miles repiten la palabra como si fuera parte de la letra.

Lebón toma el micrófono: “Hicimos las cosas pensando en el amor, que es lo mejor que hay”. Pregunta, casi para sí mismo: “¿Será que el señor me está cuidando?”. La gente lo aplaude como si le respondiera que sí.

“Si Me Das Tu Amor” baja un cambio, la banda suena espectacular y el público respira. Pero la pausa dura poco: Aznar habla de Charly García, nombra a “Carlitos” y el estadio entero aplaude antes de que termine la frase. Empieza “Cinema Verité” con imágenes de Charly en la pantalla gigante, y el ruido de la noche se corta de golpe. Silencio sepulcral. Una reverencia colectiva a alguien que no está en el escenario pero está en todos lados.

“Desarma y Sangra” es la obra maestra de la noche, un homenaje en vida a Charly que no necesita su presencia física para ser total. La gente se para a aplaudir de nuevo. Con “Noche de Perros” hay quien llora sin disimulo. “La Historia del Lobo”, con Aznar solo en guitarra acústica, es una postal hermosa en medio del vendaval. Y “Viernes 3 AM” termina de quebrar a los que quedaban de pie enteros: la gente canta y llora al mismo tiempo, una cosa de locos.

Lebón vuelve con las congas, se ríe con “Bombón Asesino” y después llega “La Vereda del Sol” como un respiro. Aznar, ahora con guitarra criolla, canta “Dejame Entrar” y el clima se vuelve social, denso. “Encuentro con el Diablo” rompe la tensión con una fiesta absoluta. “A Cada Hombre, a Cada Mujer” trae imágenes de ellos de gira en las pantallas, y “Esperando Nacer”, balada de Lebón, saca otro grito de “gracias, Serú” desde algún rincón del gimnasio.

“Mundo Agradable” es pura belleza sin sobresaltos. “Cuánto Tiempo Más Llevará” se convierte en homenaje a Oscar Moro, cuyo hijo, cuentan, tocó junto a ellos días atrás en Buenos Aires, y con “No Llores por Mí Argentina” el público se pone de pie una vez más. Los de seguridad mueven los láseres para que la gente se siente. Nadie les da bola.

Los bises son “Peperina” y “Seminare”. No hace falta decir mucho más: son himnos, y esta noche funcionan como lo que siempre fueron, esperanza, amor, vida, pero con el peso extra de todo lo que faltó arriba del escenario. Porque en algún momento de la noche queda claro que la ausencia de Charly no arruinó nada: lo convirtió en el invitado más presente de todos.

Sin dudas, esta noche, en Mar del Plata, all you need is Serú Girán.

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