Festival Polen en Chauvin: una noche de primavera entre flores y canciones

En su tercera edición las canciones viajan de sala en sala como el polen de flor en flor.

Alrededor de las 20, en la puerta de Chauvin hay una fila larga de gente joven. Como el polen, llegan de a poco y se reparten: unos van a cenar al sector del bar y otros, al festival. Es primavera y el festival se llama Polen, así que lo que suceda esa noche va a pasar de una sala a otra.

Para esa hora, en Project, en el primer piso, ya está abierto Sueño de una noche de primavera, la propuesta de la creativa audiovisual Mercedes Gerometta: una experiencia inmersiva y onírica, con un rincón pensado para las fotos. En la sala hay almohadones de colores dispersos por el piso, una luz anaranjada y, sobre la pared, imágenes abstractas de tonos nubosos. Las flores gigantes anticipan lo que será la noche.

A las 20.30, en el Soundroom, sube al escenario Tato Arzune, músico y compositor marplatense, y con él empieza el tramo musical de la noche. Su banda, un quinteto de pop rock con dos guitarristas, batería, teclados y bajo, toca bajo una luz cálida. Los cinco visten de negro, salvo quien canta, de musculosa blanca. A los pies de cada instrumento hay una lista de 10 temas. La sala está llena y escucha de pie.

Tato agradece al lugar y cuenta que es la primera vez que toca en Chauvin. Aclara que el repertorio no es nuevo, aunque hay material de estudio por salir, y estrena en vivo “El control”, con un sonido distinto al de las dos primeras canciones. A la mitad de la lista llega “Desespero”, una balada con tintes rockeros. Entre tema y tema, alguien del público, que parece amigo de la banda, grita “Dale Tato”. Más tarde invita a corear “Rock del callejón”, un tema con aire de reggae que aclara que no es reciente.

El octavo tema es “Desarmado”. Tato cuenta que le costó componer esa letra, escrita para personas que ya no están entre nosotros. Empieza con la voz y el piano; a mitad de la canción se suma el resto de la banda.

Anuncia que su disco sale en diciembre, con 10 canciones, y la despedida llega con “Tu calor”, un tema sobre soñar y cumplir esos sueños. Todavía queda uno: pide al público que se acerque al escenario y cierra con una versión de “Alta suciedad”, de Andrés Calamaro. Su última frase es una invitación: nos encontramos en Canciones de fogón, el proyecto que nació de su banda personal.

A las 21.40, el público vuelve a entrar al Soundroom, donde espera Fran Carreño, músico marplatense, con un trío: él en guitarra, Marcos Basso en bajo y Jaco Simón en batería, que aquí toca en un cuadro distinto del habitual, ya que integra la banda marplatense Cartas a Mi. El sonido tiene tintes de jazz y de blues, y el bajo se destaca por completo, con su intérprete leyendo la partitura. Fran canta y, más que bailar, desfila por el escenario en sintonía con el bajista.

La lírica comienza en inglés y luego pasa al español. Interpreta un tema que escribió en un momento de bronca y dedica una canción a su guitarrista preferida, que ya falleció. Llegan los solos de guitarra profundos y la sala queda boquiabierta. Antes de irse, agradece al espacio y al artista anterior por ceder el escenario.

Durante la noche, se ve a Joaquín Monti recorrer el Salón Principal y el patio con una pregunta para el público: ¿cuál es la mejor canción de todos los tiempos? Es la que hace habitualmente en sus redes sociales y esta vez la lleva a la tercera edición de Polen. Cada respuesta es una canción distinta, y esa variedad se escucha en las salas de Chauvin.

A las 22.15, el festival se muda al patio de Chauvin y comienzan las Canciones de fogón: clásicos del rock nacional en vivo. No hay fogata ni leños; hay guitarras amplificadas y una multitud joven que colma el patio, con el sector del escenario completamente iluminado. Tato encabeza el círculo con el guitarrista de su banda al costado, y nadie queda afuera. De a ratos se suman invitados especiales.

Hacia el final, el público pidió cantando que la noche no se acabe. Tato cierra el fogón con “Reyes de la noche”, de Los Guasones, a coro con la gente.

Para finalizar, Chauvin se transforma en un boliche bailable. Sin transición, Los Gallos Cumbia toman el patio y cierran las actividades de ese espacio. Pasada la medianoche, el Salón Principal pasa a manos del DJ Juan Coronel, que lo convierte en una pista de cachengue. Afuera ya es otro día; adentro, el polen sigue en el aire.

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