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Pasemos una y mil noches enteras

Bajando las escaleras, la luz rosa se asomaba a mirar. Una vez adentro, la atmósfera, la bola de disco reflejando destellos sobre el cemento, nos hizo zambullirnos en un frenesí pop rarísimo.

El lugar se fue llenando de a poco: de repente éramos una marea de personas con edades y gustos distintos. Un grupo extasiado por ver a Nos Miran Raro avanzó contracorriente hasta llegar al frente y se quedó ahí hasta el final.

Comienza el show. Primero “Una Reacción”, seguida de “Tiempos Extraños”, y el público empieza a hacer el baile de no dejar caer el vaso: pasos simples y firmeza en la mano. “Dame Amor” viene acompañada de un hombre que aparece por la puerta a avisar que la mesa de González está lista. Cuando comienza “Fugaz”, las palmas se hacen más fuertes que la batería. El ritmo lo controla la gente: bailan, cantan y gritan que aman a su profe.

El recital continúa con “Sintonizar”, “Modo Desilusión” y “Necesito Verte”. Ahí, en el medio del show, Martin Crispino toma el micrófono para agradecer cinco años junto a Chulo y Bruno, baterista y bajista, que dejaron la banda. Presenta a los nuevos integrantes, Marcos Longo y Axel Inda, y sigue con “Señal”, la última canción que sacaron.

Imagenes tomadas por Azul Ciano (@_achuph)

Pero el momento más cargado de la noche todavía no llegó. Crispino detiene el show para hablarle a alguien que aún no nació: una dedicatoria a su hijo, presente esa noche en el Club de Foodies sin saberlo. El silencio que siguió duró apenas un segundo. Después, todo.

El cierre viene con “Permanecer”, “Pasar con vos” y el clásico que todos gritaron y bailaron: “Buenas Intenciones”. El rosa empezó a degradarse en el piso mientras Nos Miran Raro cantaba las últimas estrofas, y el público lo hacía también sin saber que era el final. El último acorde tardó en instalarse. Pedían una más. Nadie quería que llegara.

Por los parlantes empezó a sonar Bandalos Chinos. Crispino ya se había ido del escenario, pero algo de él, o de ese hijo que estuvo ahí sin estar, todavía flotaba en el rosa del techo.

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