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Alejandro Varela: “Festejemos lo artístico, pero que el árbol no tape el bosque de la industria”

En un año donde la música latinoamericana volvió a ocupar el centro del mapa global, las cifras de reproducciones, los rankings y los nombres propios parecen contar una sola parte de la historia.

La otra, menos celebrada, más incómoda, es la de una industria tensionada, concentrada y con un modelo de negocio que sigue dejando a los artistas y a las compañías independientes en una posición frágil.

Desde ese lugar, con décadas de experiencia atravesando crisis, transformaciones y cambios de paradigma, Alejandro Varela, presidente de S-Music y una de las voces más autorizadas del sector, dialogo con Apolo sobre proponer un balance sin euforias y sin ingenuidad.

“Es muy difícil hacer balances hoy”, admite de entrada. “Desde lo artístico pareciera que todo son buenas noticias. Pero la industria está sufrida. El modelo de negocio no está cómodo ni para los artistas ni para las compañías, sobre todo para las independientes, que son las que históricamente desarrollan talento”.

Varela no niega el gran momento de la música latina, y en particular de la argentina, en el mundo. Al contrario. “Estamos viviendo algo muy especial, como nunca antes. Bad Bunny, Duki, Ca7riel y Paco, artistas de distintos géneros que lograron proyección global. Eso no es casualidad: es el resultado de muchos años de profesionalismo y desarrollo”. Pero rápidamente introduce el matiz clave: “Festejemos lo artístico, sí, pero que el árbol no tape el bosque”.

Ese bosque, según explica, está marcado por una fuerte concentración del poder. “Spotify sigue proponiendo un modelo que no mejora, con pagos irrisorios. Y además hay una concentración cada vez mayor de las compañías multinacionales. La compra de Fuga por parte de Universal, por ejemplo, deja muy endeble a todo el universo de compañías independientes en Europa. Lo mismo empieza a pasar con los shows en vivo: pocas productoras globales concentrando casi todo, con lógicas cuasi monopólicas”.

Con un recorrido que incluye pasos por EMI, Sony y CAPIF, Varela pone en contexto una pregunta recurrente: si existe una tensión histórica que sigue condicionando a la industria musical latinoamericana. Su respuesta esquiva el dramatismo y apunta a algo más estructural. “No lo llamaría tensión. Son mercados, economías, políticas culturales. No es lo mismo Argentina que Colombia. Colombia hace 30 años tiene políticas culturales claras y sostenidas para desarrollar artistas. Uruguay, Chile, Paraguay también. Argentina hace años que no tiene políticas culturales ni del Estado ni de ningún otro lado. Lo que pasa acá es, en gran medida, el esfuerzo de privados y de algunos ejecutivos con visión”.

En ese sentido, explica también por qué la música latina ingresó con tanta fuerza en España en los últimos años. “Es coyuntural. Hay más latinos viviendo ahí. Eso equilibra mercados. Pero no es magia: hay trabajo atrás”. Y remata con una comparación cruda pero realista: “Para Inglaterra es mucho más fácil exportar música que para nosotros. Otros costos, otros números, otra capacidad de inversión”.

Habiendo vivido desde adentro dos de las mayores crisis de la industria, la piratería de CDs y la irrupción del streaming, Varela no duda cuando se le pregunta por la inteligencia artificial. “Absolutamente hay un patrón que se repite. Pero con una diferencia: esta pelea ya está perdida”. Explica que, mientras hoy se discute cómo autorizar o regular el uso de obras para entrenar IA, “eso ya pasó, ya se educó con toda la información disponible”. Lo que queda por ver, dice, es cómo reaccionará la gente: “Qué va a querer consumir, qué no, qué contracultura se va a armar”.

El contraste con la crisis de los 2000 es revelador. “Antes luchábamos contra algo tangible: tipos fabricando discos truchos. Era una pelea más frontal, más leal. Hoy peleamos contra una plataforma que en Argentina paga alrededor de 320 dólares por un millón de streams, regala la música, aunque no lo diga, y nadie te explica bien cómo se calcula eso”. Y lanza una de las frases más filosas de la charla: “A nosotros nos decían hijos de puta por pagar un dólar por disco, pero grabábamos, hacíamos marketing, poníamos videos, giras, desarrollo. Hoy se celebra un modelo donde el 90% de los artistas no llega ni a mil streams al año”.

En materia legal, lejos del pesimismo, rescata una fortaleza histórica. “Argentina fue tope de gama en legislación de propiedad intelectual. La ley es muy buena, muy amplia. Fuimos ejemplo en el mundo en protección de derechos y en sociedades de gestión. A pesar de intentos recientes de desarticular ese sistema, la base sigue siendo sólida”.

Antes de cerrar, Varela se detiene en un punto clave para quienes empiezan: los mitos de la industria. “No hay fórmulas. La única es que cuando aparece la oportunidad te encuentre trabajando. Después, escuchar. Escuchar música, escuchar a los que saben, a tu banda, a tu público. El artista que se encierra en su castillo de cristal suele perder conexión con lo que lo hizo relevante”. Y aunque reconoce que cada época tiene sus disparadores, ayer la radio, hoy TikTok, insiste: “Nada reemplaza a una buena canción. Esa canción redondita, que transmite algo por encima de la media, sigue siendo el gran diferencial”.

Si tuviera “la llave” de la música latinoamericana para la próxima década, su apuesta sería clara y política en el mejor sentido. “Una Latinoamérica sin fronteras culturales. Más integración real entre países. No puede ser que un músico argentino tenga que pagar una fortuna en visas para ir a tocar a Chile. Necesitamos políticas coparticipativas, intercambio, desarrollo conjunto. Compartir necesidades y potencialidades. Ahí hay un cambio sistémico de verdad”.

Sin slogans ni promesas fáciles, Alejandro Varela deja una certeza incómoda pero necesaria: la música latina vive un gran momento creativo, pero su sostenibilidad depende de decisiones estructurales que todavía están pendientes. Y mirar para otro lado, esta vez, no es una opción.

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